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Mi historia

Siempre me gustó expresar con el cuerpo, comencé bailando flamenco de niña. Sin idea alguna que el cuerpo y la mente estaban conectados y sin saber que mi rigidez o fluidez se debían a mi estado mental.
Pasé toda mi etapa del colegio bailando.

Creciendo, me comenzó a preocupar más y más mi aspecto físico, viví varios momentos de “bullying”. Pasé gran parte de mí adolescencia haciendo dietas innecesarias, tan solo por el hecho de querer cambiar partes de mi cuerpo que no aceptaba. 

Siempre hice deporte, disfrutaba mucho yendo al gimnasio, pero por momentos se volvía una obsesión y más que hacerle bien a mi cuerpo terminaba estresándolo.
Era muy perfeccionista, no me conformaba ni agradecía por todo lo que tenía físicamente sino siempre veía lo que quería lograr, comparándome con el resto y queriendo ser de otra forma.

Al terminar el colegio me fui a Italia a estudiar diseño de modas. En ese entonces, no tenía idea lo que pasaría, ni en lo que se volvería mi vida.

Ahí estaba yo, una peruana de 17 años con cuatro maletas, sola, en una ciudad completamente desconocida sin siquiera saber hablar Italiano.

Un mes antes de acabar mi primer año de la escuela vinieron mis papás a visitarme, a conocer mi casa, a mis amigos y a mi escuela. Una mañana me desperté con ellos para tomar desayuno y me sentí mal, me dolía mucho la cabeza, llamaron a la ambulancia, nadie entendía lo que estaba pasando. Minutos después entre en coma y mi siguiente recuerdo fue diez días después, cuando desperté de lo que sería mi renacimiento.

Había tenido un derrame cerebral por una malformación.
A raíz del derrame perdí la visión y tampoco podía mover el lado derecho del cuerpo. Me dijeron que nunca recuperaría la visión y posiblemente nunca mas volvería a tener una vida normal. Ahí conocí la meditación y el poder de la mente. No me rendí, no me resigne a esa vida, aun me quedaba mucho por hacer. Fue un proceso largo de muchos altibajos.

¿Por qué me ha pasado esto a mí? ¿Qué hice para merecerlo? ¿Por qué cosas malas le pasan a personas buenas? Son algunas preguntas que te haces cuando tu vida pende de un hilo. 

Después de meses de estar en el invierno de mi vida me di cuenta que tenía que dejar de pensar en todo lo malo que me había pasado y pensar en cómo todo eso podría convertirse en algo bueno ¿difícil no?

Poco a poco, me fuí recuperando, lo más difícil fue recuperar y sanar mis emociones, transicionar de la víctima a ser mi héroe, luchar y no rendirme. Aprendi de biodecodificación y como el cuerpo nos habla a travez de síntomas y enfermedades. Ahí me quedo solo abrazarme y todo lo que hacia hecho que esto me suceda. Compasión y amor, la medicina más fuerte.

A veces parece imposible sacarle “lo bueno” a algunas situaciones, pero créanme. Siempre hay algo bueno en TODO.

A lo largo de nuestra vida viviremos situaciones que si no llegamos a entender, se repetirán hasta que aprendamos lo que tenemos que aprender. Son como niveles que debemos desbloquear para seguir subiendo y llegar a nuestra cima. Es necesario analizar lo que nos pasa día a día, para entender el porqué, ¿qué ganamos con esto? ¿Qué he aprendido hoy?, ¿cómo puedo poner en práctica esto y ser mejor? Es necesario hacer paz y aprender a dejar ir.

Siempre fui una chica espiritual, hablar o creer en ciertas cosas no era loco ni extraño para mí, pero después de vivir esta experiencia comencé a  llevar una vida más espiritual. Comencé a agradecer más, meditar más, las afirmaciones positivas se volvieron parte de mi día a día. Aprendí muchísimo acerca de nutrición, el bienestar del cuerpo y la mente y poco a poco comencé a vivir una vida consciente y saludable tanto física como mentalmente. 

Quise dejar mi carrera de moda para estudiar nutrición o deporte, sentía la necesidad de estudiar algo en donde  mi rol fuera ayudar a personas día a día, ver progresos, motivar e inspirar. Finalmente decidí terminar lo que había empezado y una vez graduada, regresé a Lima.

Nunca dejé el deporte y el yoga, eran parte de mi día, de la misma forma como debía comer, dormir y bañarme debía hacer deporte y yoga u otras prácticas que me mantengan en balance.

Recién en el 2019 decidí estudiar mi primer profesorado de yoga, cerrando ese año cumpliendo un sueño que se que más que sueño se volvió un propósito.
Tuve la suerte de volver a nacer y conocer mi verdadera esencia y propósito y hoy decido dedicarle mi vida a esta práctica que me ayudó y sigue ayudando día a día a ser mejor, para poder ayudar a los demás a encontrar un balance en sus vidas y eventualmente puedan encontrar también su propósito.

Cada año es mejor que el anterior, cada vez que me siento triste o quiero rendirme me acuerdo de todo lo que he vivido e imagino todo lo que todavía me queda por vivir y lo capaz que soy de lograr todo lo que me propongo, y así, sigo.

Me acuerdo siempre de mis raíces, me acuerdo siempre de que soy humana y que es completamente válido estar mal, estar bien y a veces estar “nada”, no me presiono, no me pongo metas demasiado definidas, dejo que la vida me lleve por el camino que tengo que ir y tomo las mejores decisiones que puedo, pero cuando me equivoco (y pasa con frecuencia) trato siempre de analizar y aprender para no volverme a equivocar.

Mi vida se ha vuelto una montaña, cada vez que la escalo y llego a la cima, miro hacia  arriba y está más alta, así vivo feliz. 

Hoy soy yogui, coach, diseñadora, empresaria, fotógrafa, blogger y probablemente muchas de cosas más porque nunca me aburriré de aprender y crecer.

La vida es una, y uno nunca sabe cuándo acaba, así que hoy, haz lo mejor que puedas, sé tu mejor versión, ámate, respétate y crece.

Escrito con amor,

Maia.